Lancelot by MER

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viernes, 22 de mayo de 2009

RRRRRRRRRrrrrrrrrrrrrrevolución...

Pues nada.

Que después de sentir eso, ella se quedó con los ÖjÖs muy abiertos por si, algún día, resulta que veía una espiral celta de esas tan mágicas. Estaba muy intrigada.

Pero el tiempo pasaba y, ella, no hacía más que quedarse sentadita allí, mirando el relÖj y viendo pasar y saludando a todo tipo de personas (algunas estaban como un tren, todo hay que decirlo): personas REALESdelarealeza como otros príncipes y princesas, personas VIRTUALES como las de los cuentos de hadas, personas ALTAS, personas BAJAS, personas GAYS, personas LESBIANAS, personas PEQUEÑAS, personas GRANDES, personas FAMOSAS, personas ANÓNIMAS…personas, al fin y al cabo, PERSÖNAS.

Y, de repente, todo sucedió muy rápido.

Resulta que, la princesa estaba muy quieta y entretenida en un momento místico y trascendental, mirándose la costura de la falda porque se le había rÖtÖ y se le salía un hilÖ.
Vaya toalla.

Se quedó pensando un ratito y se le acercó un inter+Rogante druida, vestido con una capa de fina dÛda templaria. El inter+Rogante se puso frente a ella y le susurró una melodía que era como hojas mecidas por el viento que decía: “Nenita linda, o bien dejas que la falda se te quede desigualada (cosa bastante impropia en una princesa coqueta como ella de sus intimidades), o bien, sólo te queda una opción: tirar del HilÖ para que tu interior y tu exterior luzcan armónicos y equilibrados y nunca se te cierren los ÖjÖs.

Cuando escuchó esa voz, se pegó un susto de muErte. Tanto, que el relÖj, que era algo viejo, de arena bañada por el Mediterráneo, se cayó y se rompió en mil novecientos ochenta y ÖchÖ pedacitos. Se quedó mirándÖlÖ y decidió hacer algo. Tenía que Elegir su destino. El inter-Rogante, con un candil en la mano que parecía una FÜente de lÜz, se desvaneció en un bosque mágico que había tras una bonita REJA, muy, muy suavemente.

¿Y sabéis qué es lo que decidió?. Pues si, claro. Puso su arena en un costal y llevó los pedacitos de cristal del relÖj a un contenedor de vidrio para que alguien los reciclase.

Llevaba puesto el mismo vestido de princesa que le regalaron en su comunión. Tan blanquito que era entonces, estaba ya algo deteriorado. Eso le daba un aspecto algo apagado a su presencia aunque ella, seguía teniendo los mismos ÖjÖs que entonces. Así que se dijo a sí misma: “Chica, ya es hora de que te dejes de pitos y flautas. Aprovecha que es primavera en el Corte Inglés y escucha las gaitas modernas de la mujer liberada de hoy en día”.

Entonces, comenzó a tirar de aquel hilÖ y de repente, se vió en un espejo, medio vestida de hippy, con un pie descalzo (que olía un poco a queso divino de tetilla gallego) y escuchando un CD de Amaral.

Chic@s, había llegado la hora de ir a por la espiral celta para ver si bajo el disfraz de aquella Penélope había el suficiente valor, como para hacer que AmÖr y FEliciDAd, se conociesen al fin, se frecuentasen y, ¿por qué no?, si llegaban a gustarse a lo mejor, se acostaban juntos en una noche de vino y rosas.

Había llegado la hora de la RRRRRRRRRRRRevÖluciÖn y de la liberación sexual de la mujer, que, al fin y al cabo, hoy en día y gracias a la evolución, por fin también es una PERSONA.


MER
Continuará….

LA BÚSQUEDA





No sé si sé quién sÖy. Llevo tiempo perdida y supongo que llevo tiempo tan solo sobreviviendo.

Tuve una infancia muy feliz, lo cual hace que la recuerde con mucho cariño. Me sentía muy bien en esa época, pequeñita, con mucha imaginación, con ganas de descubrir el mundo.

Leía. Siempre leía cosas de todo tipo, pero cuando fui creciendo, imagino que de repente, un buen día, me tropecé con algo que me impactó mucho. Leía sobre una cosa que después descubrí que la gente llamaba AmÖr.

Era bonito, muy bonito. Imagino que me enamoré del AmÖr en toda su extensión. Imagino que leí cosas agradables sobre él. Las chicas eran princesas, y los chicos príncipes y, entre ellos, ocurrían cosas que, así descritas, parecían maravillosas. Imagino que, entonces, fue cuando decidí que yo quería ser una princesa de un cuento de esos, pero claro, no una princesa cualquiera: sería una princesa especial.

Una princesa encantadora que, a lo mejor no era la más bonita, pero bueno, todas las princesas eran rubitas, con los ojos azules, de tez pálida… y yÖ me miraba al espejo y decía…pues va a ser que yo tengo todo eso, así que, a ver si va a ser verdad que yo soy una de ellas. Además, yo era alegre, algo tímida, curiosa, cantarina y bailarina…y todos me decían que era una nena especial. YÖ, miraba a mi alrededor y pensaba…”nÖ sé. Hay mucha gente en el mundÖ e imaginÖ que habrán también muchas Ötras princesas…por qué habría yÖ de ser tan especial?”…

Entonces fue cuando empecé a mirar a los demás a través de los ojos de mi cÖrazÖn. Se abrieron y, tras restregármelos un poquito para enfocar, comencé a ver a la gente de forma distinta.

Cuando empecé a hacer eso, comprendí por qué yo veía especial a mucha gente y por qué mucha gente me veía especial a mí. Era por mis ÖjÖs. Resulta que cuando miras con el corazón, se te ponen los ojos preciosos y comienzas a hacer y decir cosas que, aunque parecen tonterías, a veces son ingeniosas, pero, sobretodo, son sinceras. Y parece ser que eso gusta. Y parece ser que por eso yÖ, gustaba a casi todo el mundo.

Así que, dije…”vale niña, sigue haciendo eso porque, además de que te gusta a ti, le gusta mucho a los demás”. Igual pensé que eso era lo que hacía sentir una cosa que me intrigaba mucho. Se describía con una palabra que sonaba muy, muy bonita que, vista con los ÖjÖs, sonaba así: FEliciDAd.

Y había muchas, muchas canciones donde la utilizaban. Y cuando la gente las escuchaba, parecía que, de repente, todos los ÖjÖs se encendían con una luz muy bella.

Total, que fui creciendo y, aunque no es que viviese en un palacio ni que mis padres fuesen los reyes perfectos, seguí creciendo un poquito.

De repente, un día comencé a sentir cosas algo distintas a las que había sentido hasta entonces. Notaba algo así como que a veces, me faltaba el aire. Entonces, yÖ me preocupé porque pensé que estaba enferma. Y lo estuve, pero eso no tenía nada que ver con esa sensación. Aquello era algo físico. Hasta entonces, creo que yo era una princesa con un cuerpo que sÖlÖ sabía bailar al compás de los cuentos de hadas. Literalmente.

Eso físico era algo extrañÖ y me pasaba cuando leía cosas acerca de los caballeros y príncipes. YÖ creía que sabía lo que hacían los príncipes: ir a caballo, aprender a manejar la espada, defender a los desvalidos, estudiar mucho para poder convertirse en reyes y gobernar de forma responsable el reino, etc. Parecía algo muy interesante.

Por supuesto, también sabía lo que debían hacer las princesas: estar siempre muy bellas y dÖminar todas las artes. El cantÖ y el baile para amenizar las fiestas de palacio. La escritura, para poder ayudar a los reyes y a los padres de los reyes para gestionar sus asuntos. La cocina, para poder alimentar a sus hermanos y así misma mientras los reyes estaban trabajando. La costura, para poder bordar telas y así hacer bonitas todas las indumentarias…(aunque nunca llegó a hacer trajes enteros como novelas, porque para eso hacía falta técnica y eso parecía aburrido, con tapas duras y tal…)

Y una noche llena de estrellas lÖ sintiÖ. Mientras leía algo acerca de un príncipe que se había encontrado con una princesa, algo sintiÖ. Era algo nuevo. Era como cuando pones una Ölla con agua a hervir, a fuego lento, o cuando el cielo se va nublando en una mañana gris, para dar paso, lentamente, muy lentamente, a una tarde lluviosa y a una nÖche de temporal.

Ella no sabía qué era aquello, pero leía que, cuando el príncipe miraba a las princesas, ellas sentían mucho calÖr y que se les salía el alientÖ por la boca. Entonces, ellos recogían ese alientÖ con sus manos, y empezaban a hacer algo así como la magia del AmÖr. Cuando tenían el alientÖ de las princesas en una mano, con otra iban dando vueltas al aire hasta formar un remolino. Ya más mayor, se enteró de que eso es lo que se llama una espiral celta. Y, ni todas las mujeres son princesas, ni todos los hombres son príncipes, ni todas las manos son capaces de hacer esa mAgÏA. Pero sé que en Galicia dominan ese arte. (Es que lo han visto mis ÖjÖs).

MER


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jueves, 21 de mayo de 2009

BIOLOGÍA MARINA: MASCULINO EN ALTA MAR





La anatomía de los piratas de corazones es lánguida y algo sutil. Se acercan, ellos se acercan y vuelven hacia detrás, contándose los dedos de una mano murmurando canciones infantiles. En la otra, el frío garfio metálico desgarra los tejidos en las gargantas de la inocencia de sus víctimas.

El capitán de aquel navío tensaba sus brazos al dirigir el timón. Yo veía sus venas surgidas a través de unas olas bravías. Era pálida su alma y los huesos de su mandíbula rechinaban cada vez que la bruma le impedía vislumbrar el horizonte de sus reflexiones.

Donde manda patrón, no manda marinero…pero al decir el dicho, las palabras se deshacen en la saliva de un duende etéreo…Azul, azul…cristalina espuma…sal y pimienta de un guiso de esfuerzos. El perfume de las lapas, primas de los berberechos de Joyce, invade el ambiente y ciega la vista de los remeros.

El sol envenena los sentidos y abre la carne del que expone sus penas tirando de las velas, quieto, como el caracol. Por la cubierta, sólo caminan las sombras. Solitarias y cosidas con un pespunte de Peter-Pan-resignation, a todos sus dueños.

La mar es quien manda y sólo el influjo del reloj de arena establece un cronograma de mareas guiado por la luna llena. La mar y su biorritmo de mujer en edad fértil. Dios, guarda a las aguas del influjo del ídolo de Tara...no te imaginas cómo puede ser de embarazoso el destino...

Acúnalos, mar (mer). Acúnalos mientras las olas te lo permitan.

Al final, su ritmo femenino dirige las orquestas de pescadores y marinos. Ellos le lanzan sus redes y la mar, generosa y desprendida, se recoge los cabellos y les prepara el banquete de peces dorados con la maestría del mejor chef. Alta cocina y de fondo, un buen caldo de Chopin.

Tranquilos, yo cuido de todos… Siempre alimentaré a los insomnes y mis sirenas cantarán al son de los rayos crepusculares. Siempre permaneceré alerta y cuidaré de los piratas olvidados en vuestra memoria.

Y si algún día los hombres necesitáis echar tierra de por medio, ya sabéis…siempre nos quedará París....y siempre nos quedarán los volcanes marinos, que generarán islas en las que os sentiréis seguros al poner los pies en tierra firme…aunque…miréis donde miréis…el horizonte siempre os regalará la imagen de la inmensidad de la MAR...

MER


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lunes, 18 de mayo de 2009

HOMENAJE A BENEDETTI (MER)


Los que me seguís hace tiempo, conoceis cuál fué mi primer escrito.
Y hoy, en el día de su muerte, me parece oportuno volver a publicarlo.
Gracias, maestro.

GÉNESIS: LO QUE DIOS NO SABÍA






Un día cualquiera, dio la casualidad de que por la mañana, Dios bajó de las alturas porque sintió sed. Miró hacia el horizonte y en el medio encontró a los ríos que desembocan en el mar. Se acercó hacia las nubes y encendió un microondas de colores sin sentido. Al cabo del rato, abrió el grifo de la sabiduría y buscó un vaso de luna blanca donde poder beber la vida a sorbitos. Cuando terminó de saciar su instinto, pensó que debía echar un vistazo a las montañas de pico blanco. Emprendió el camino patinando por el azul de la marea, resbalando su ternura en cada esquina del planeta. Y llegó a las piedras adoradas, hijas de la sinrazón del que se toma unas vacaciones intencionadas. Se sentó sobre los musgos, moviendo sus nalgas entre la muchedumbre. Al permanecer allí un rato, sintió un manto de hiedras protegiéndole la espalda y el aroma del almizcle le embriagó con su sabor. Se tomó más de dos copas de placeres sensitivos y acabó extasiado con el brillo de los soles que acariciaban su mente.

Después de la sed, sintió hambre y así, Dios decidió viajar a los valles cálidos de la consciencia, donde los insectos liban de las flores toda su sabiduría. Las ramas de la ansiedad le rozaban los tobillos. Aún así, caminó colina abajo buscando los panales de corazones que alimentan a la miel del olvido. Tomó toda la miel que pudo y sintió, el calor del sol, acunando los retazos de su inocencia.

Al atardecer, pensó en dar un paseo para templar su estómago y acallar el rugir de sus entrañas. Escogió esta vez el mar, con sus ondas incesantes. Suspendido sobre las olas, permaneció muy quieto, escuchando los sonidos de las caracolas marinas, que con sus trompetas, batían el agua a punto de nieve con un ritmo frenético a la par que sensual. Cuando las caracolas callaron, Dios desparramó su amor sobre toda superficie errante, en un grito silenciado de sollozos contenidos.

Finalmente, al caer la noche, Dios miró hacia las estrellas y sintió un latido intenso de desesperación y soledad. Mientras la oscuridad surgía y le envolvía como una cueva, sintió el frío de los adioses y lamió poemas susurrados que caían de los labios de la esperanza. Tembló de rabia incoherente por ser incapaz de tocar a otro semejante a él.

Después de una noche velada por su inquietud trascendental, Dios llegó al amanecer embriagadito de pena, por no haber creado un universo paralelo donde la armonía de un reflejo le calmara la sed, el hambre y la soledad.

Lo que Dios no sabía es que muy pronto, cuando los hilos de atardecer se volviesen rojos de amargura y la inocencia se transformase en nostalgia, se convertiría en mujer.



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